Thursday, August 11, 2011

Sacando recuerdos

En los últimos días me dediqué a sacar cosas que ya no utilizaba: ropa, chucherías, pero sobretodo, papel. Copias de lecturas de la universidad, revistas viejas, recortes de periódicos. Una cantidad infinita. Este “ejercicio” ya lo había hecho con anterioridad, pero siempre con cierto recelo, porque en mi cabeza aparecía el “¿y si me sirve después?”, razón por la cual había dejado atrás muchas cosas que, está de más decir, no he vuelto a utilizar.

Sin embargo, el removedero de tantas cosas, sacó a flote muchos recuerdos, tantos que inundaron mi cabeza de imágenes, de sentimientos y un par de lágrimas.

Recordé todo lo que conllevó hacer mi tesis de licenciatura: cientos de lecturas, miles de papeles, y al final un libro que me dio (y ha seguido dando) muchas satisfacciones, que, espero en algún momento le haya servido a alguien (así mismo recordé a todas las personas a las que se las dediqué o bien me ayudaron voluntaria e involuntariamente a la creación de la misma y que será motivo de otro muy próximo post). Recordé mis primeros días en la universidad y los tantos compañeros que tuve, y que al final han quedado pocos en el camino: algunos aventureros dejaron huella escrita en mis cuadernos, que sí, aún conservo. Recordé lo feliz que era en el cine club de la facultad y las tantas películas que proyectamos, los problemas por los que pasamos, el ir a pegar carteles por todo CU, la elaboración de las fichas técnicas, el estar sentada en la obscuridad y dejando pasar los viernes por la tarde. Recordé que he sido ‘maestra’ de niños, adolescentes y adultos en distintas épocas. De baile, de metodología y de mi taller de lenguajes cinematográficos. Recordé que tuve a mi cargo el cine club de cierta casa de cultura del D.F. durante unos meses y que mi mayor logro fue ‘luchar’ por no proyectar cosas comerciales y un muy buen festival cinematográfico del "día del niño". Ergo, recordé que me fascina(ba) el cine y que por eso entré a la carrera a la que entré, pero que al final lo dejé por algo más pragmático. Ahora sólo quedan los libros al respecto. Esos no se van. Recordé lo feliz que era cuando tomaba más fotografías y cuánto disfrutaba mis clases de teoría fotográfica. Sontag me lo recordó, así como una vieja caja de polaroids sin utilizar. Y eso sí me tiene estrujado el corazón. Recordé mis cursos de "joyería alternativa", un montón de talleres de verano en el Imjuve, clases de guitarra, canto y dibujo. Recordé mi taller de animación tradicional. Recordé conferencias y diplomados. Idas a museos y al teatro con los polvorientos programas de mano. Teatro. Recordé que tome un año de escenografía teatral en la Facultad de Filosofía y que también me encantaba: montones de diseños de luz y ejercicios de color. Recordé que nunca me gustó "hacer televisión" y a pesar de ello tenía una cantidad industrial de información al respecto. Recordé que terminé odiando a mi primer profesor de radio y que tuve que cambiarme para poder pasar la materia, y que al final fui realmente feliz por la decisión, porque aprendí a hacer radio y me tocó el mejor equipo de trabajo escolar que tuve en toda la carrera. Recordé que investigué muchísimo para hacer la que iba a ser mi tesis (sobre animación) y todo eso aún lo guardo, porque no pierdo la esperanza de hacer algo al respecto. Recordé que de niña llegué a comprar la revista ‘Eres’ y que aún guardaba recortes sobre el primer concierto de Bon Jovi al que fui (además, esa revista, junto con ‘La mosca’, me recordaba al secundaril). Recordé que hice no un servicio social, sino dos: uno para Pemex y otro para la UNAM y que del primero (el que sí completé) aún guardo un proyecto para niños que nunca pude llegar a hacer. Recordé haber trabajado para una candidata del PRI y realmente haberlo hecho con gusto, porque se trata de una gran mujer. Recordé la entrada del EZNL, la muerte de la princesa Diana, una vez más el terremoto del 85’, la muerte de Teresa de Calcuta, cuando ganó Fox (y que al día siguiente fui vestida a la escuela de azul y blanco y que casi me linchan), la dolorosa huelga de la UNAM, la explosión del Popocatépetl y la muerte de Octavio Paz. Cien noticias más. Recordé mis "reinicios"en el hula (gracias a mi hermana) y que al final, esa primera fase se convirtió en un episodio doloroso (que después sanó encontrando un lugar lleno de aloha). Recordé lo feliz que era al comprar un nuevo libro de las tiras cómicas de Calvin & Hobbes y que se han convertido en un pequeño ‘tesoro familiar’. Recordé leer con verdadera emoción los Astérix que traía una prima a la casa y que, el único regalo que conservo de ella es "Astérix y las doce pruebas". Recordé que llegué a ¡tercer nivel de japonés! y que ahorita a duras penas recuerdo un puñado de palabras. Recordé que una clase de inglés fue lo mejor que tuve en cierta universidad tecnológica de renombre. Recordé tantas tareas de la universidad: la revista política, el "jineteo de imágenes" con diapositivas y proyectores, ensayos sobre ‘erotismo vs. pornografía’, nuestro gran proyecto de comunicación social sobre el Metro, mi reportaje sobre las luchas, un par de "fotonovelas" hechas con mis "barbis": fueron un hit. Recordé cuentos y poemas hechos, concursos en los que participé, proyectos dejados a medias, algunos de mis trabajos (asesora de hipotecas gringas, mis días de vendedora hippie-callejera, inspectora de anuncios). Recordé las horas invertidas en buscar una maestría durante años, y al final, esto se ha cumplido y aún no me lo creo. Recordé maestros, compañeros, viajes, situaciones, corajes, risas. Recordé también cosas malas, como idas a malos restaurantes (un nefasto The Melting Pot del cual no sé porqué guardaba el menú... tal vez para recordar que nunca debo de volver ir a uno). Recordé que en realidad no estaba pelada con la idea: el recorte de un vestido de novia, que al sacarlo de una carpeta me quitó el aliento por un segundo. Tanto, tanto. Hace un par de noches no pude dormir por lo mismo. Sacar todos esos papeles fue como un disparador que no dejó en paz mi memoria durante un buen rato. Hoy, ya más calma, con kilos de papel menos y con los recuerdos frescos, escribo esto.

Seguramente, próximamente, tendré que a hacer esto, tendrá que ser más profundo, con menos reservas, porque para cuando eso suceda es para dejar esta casa. Quiero irme sólo con mis libros, mis películas, mis discos y mi ropa. Definitivamente creo que la acumulación de objetos no es buena: quitan espacio, generan ansiedad, pero que es algo inherente a los seres humanos; algo, con lo que debo luchar. Mi mamá siempre me ha dicho que soy "como un ratón" (prefiero pensar que como un hámster, pero en este caso en especies se rompen géneros). Al final de cuentas, creo que deberíamos únicamente acumular recuerdos y vivencias, porque es lo que nos hace ser los individuos que somos y con lo que, al final de nuestros respectivos caminos, nos quedamos. Tal vez con ayuda de una carta, un libro, pero no más. Y, aunque en mis momentos más obscuros me preguntaba dónde había perdido tanto, quién era, que no había hecho nada de mí, al ver todo esto, me doy cuenta que nunca he dejado de moverme, de hacer cosas, sobretodo de aprender. Todo lo que soy es gracias a todo lo que he hecho. Los objetos ayudan, pero por ahora, me he quedado con los recuerdos y una sonrisa en el rostro.

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